Desde hace un par de años
las películas mexicanas han formado parte de la cartelera de cada mes dentro de
las salas de cine en todo el país, cosa que no fue muy común durante algún
tiempo. Hoy es muy fácil encontrar películas mexicanas, lo que es difícil es
encontrar una que valga la pena.
“Ya veremos” es una
película dirigida por Pedro Pablo Ibarra, está protagonizada por Mauricio
Ochmann, Fernanda Castillo y Emiliano Aramayo. La película relata la historia
de Santi (Aramayo), quien es un niño que sufre de una enfermedad que amenaza
con dejarlo ciego en cuestión de semanas. Debido a esto, escribe una lista de
todas las cosas que desearía hacer antes de someterse a una operación cuya
efectividad no está garantizada. Su padre, Rodrigo (Ochmann), deberá ayudar a
su hijo a cumplir su lista pero, a petición del niño, tendrá que hacerlo junto
a su ex esposa Alejandra (Castillo).
La originalidad es nula en
esta historia, la idea de la lista de cosas por hacer antes de que algo pase es
un argumento que ya se ha explotado hasta el cansancio en otras cintas. En esta
película existe la variante de una “sub trama” que expone el re enamoramiento
de una pareja divorciada pero, al igual que la trama principal, ya ha sido
sobre explotada por décadas. A pesar de que la historia principal se centra en
el niño y su enfermedad, gran parte de la película pone a los personajes de los
padres en el foco de atención, haciendo que la trama que los involucra tome más
peso en la historia por la mayor parte de la película. Ignorando todos los
puntos negativos sobre la poca relevancia de la trama, es interesante ver una
película mexicana que busque crear un impacto positivo en el espectador, más
allá de entretener con chistes obscenos y situaciones ridículas como la
mayoría.
A pesar de que la película
deja claro ciertos aspectos a considerar para su propio desarrollo, tales como
las razones del divorcio de los protagonistas, algunos puntos no quedan del
todo explorados y desaprovecha oportunidades que pudieron dotar a la trama de
un poco más de dramatismo y emotividad. Un claro ejemplo es el desarrollo tan
cliché de la pareja divorciada: el personaje de Alejandra ya tiene una nueva
pareja y la trama se esfuerza en alejarlo lo más posible de la historia en
lugar de aprovecharlo para desarrollar mejor un conflicto que involucraría a este
personaje con el de Ochmann, sobre todo cuando el primero muestra cierto
interés por acercarse a Santi. En lugar de volver este conflicto más complejo,
la pareja de Alejandra deja que ella se acerque más a su ex esposo para que se
origine un desenlace más predecible que las derrotas de local de Chivas en la
liga Mx.
Las actuaciones de la
película son bastante olvidables. Ochmann, aunque es un tanto divertido en escenas
cómicas, flaquea considerablemente en las secuencias que requieren de
dramatismo y no logra trasmitir muy bien ciertos sentimientos. La actuación de
Castillo es bastante cumplidora y crea muy buena química con su coprotagonista,
del cual se apoya para salir adelante. Por último, a Aramayo rara vez se le
cree su papel de niño enfermo, pero cuando el personaje hace otras cosas es convincente.
Pese a que es una película
que carece de innovación, puede resultar un tanto entretenida para el público
menos exigente que disfruta consumir el cine nacional. Es una propuesta
particularmente distinta en el sentido del tono y objetivo general de la misma,
ya que va apegada a crear una conciencia y ser emotiva en más de una forma,
cosa que se ha perdido en producciones recientes.
5.8
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